Vladímir Mayakóvskiy: «El infierno»

АДИЩЕ ГОРОДА | 1913

Адище города окна разбили
на крохотные, сосущие светами адки.
Рыжие дьяволы, вздымались автомобили,
над самым ухом взрывая гудки.

А там, под вывеской, где сельди из Керчи —
сбитый старикашка шарил очки
и заплакал, когда в вечереющем смерче
трамвай с разбега взметнул зрачки.

В дырах небоскребов, где горела руда
и железо поездов громоздило лаз —
крикнул аэроплан и упал туда,
где у раненого солнца вытекал глаз.

И тогда уже — скомкав фонарей одеяла —
ночь излюбилась, похабна и пьяна,
а за солнцами улиц где-то ковыляла
никому не нужная, дряблая луна.



EL INFIERNO  | 1913

Insoportable la ciudad, ha roto los cristales
En pedacitos luminosos, infernales.
Diablos fogosos, se elevan los automóviles,
Rompiéndose a gritos las bocinas al oído.

Ahí, debajo del cartel con arenques,
Un viejucho, buscando las gafas,
Se echó a llorar cuando en la tarde caída
Un tranvía a toda marcha le mostró sus pupilas.

Ardía la mena entre ventanas de rascacielos
Y el hierro de trenes amontonados,
Vociferó el aeroplano y se cayó ahí,
Dónde se derramaba el ojo del sol herido.

Y entonces, entre las sábanas arrugadas de lampiones,
La noche se amó, obscena y ebria,
Detrás del sol cojeaba por las calles
La luna marchita, nadie la necesita.


UN POCO SOBRE EL POEMA…

Nacido en un pequeño pueblo de Georgia, Vladímir Mayakóvskiy durante muchos años no pudo acostumbrarse a la vida que se llevaba en la ciudad. En 1906, después de la muerte de su padre, la madre de Mayakóvskiy junto con sus hijos se trasladó a Moscú. Los primeros años de su vida en Moscú Mayakóvskiy recuerda con pavura. Todo era nuevo y poco habitual. Al principio los tranvías impresionaban al jovencito, repleto de curiosidad niño; en cambio, la vida en la capital dejó en el alma del poeta una huella desagradable. Mayakóvskiy empezó a comprender que todo en esta ciudad estaba subordinado al dinero, pues, el objetivo principal de cada moscovita era ganar el dinero, empezando por los administrativos y terminando por el barrandero.

A lo largo de los años pasados en Moscú Mayakóvskiy forma su punto de vista muy peculiar sobre esta ciudad, llamándola «el infierno». Los pecados humanos se manifiestan aquí con más fervor. El poema, escrito en 1913, describe un panorama apocalíptico y tacha a la ciudad de Moscú de putana, utilizando tales epítetos como «obscena» y «ebria». No solo Moscú misma es obscena, sino que también lo son las manifestaciones naturales, como el amanecer y la aparición de la luna. El poeta está convencido de que en este mundo de rascacielos, automóviles y tranvías, incluso, el sol recuerda a una criatura herida, que ha perdido el ojo y este está derramándose. Mayakóvskiy siente la desolación, ya que no puede cambiar nada. No puede convertir a Moscú en una ciudad tranquila y serena que vive bajo otras leyes. Tampoco se atreve a abandonar la capital, puesto que solo aquí, entre el caos y el hedor, tiene la oportunidad de llegar al corazón de la gente a través de sus poesías.

Los edificios de múltiples plantas con sus ventanas luminosas provocan miedo y repugnancia en el poeta. Estos edificios el poeta llama «сосущие светами адки» (pedacitos luminosos, infernales). Los automóviles están asociados a demonios, diablos que bocinan al oído. El tranvía recibe el papel de una criatura que se escapó del averno y «a toda marcha» muestra sus pupilas, asustando a un anciano que como consecuencia se rompe en llanto. Trenes y aeroplanos son los logros de la civilización que el poeta considera antinaturales y completamente innecesarios para el ser humano.

En aquel entonces Mayakóvskiy tenía 20 años, por lo que se nota este maximalismo que impulsa al poeta a ver el mundo en colores apagados. El poeta deja de admirar la belleza de la arquitectura moscovita, la hermosura de sus parques y bulevares, pensando de la ciudad como de un monstruo desafortunado. Cada mañana se libra de las sábanas arrugadas y se muestra delante de la gente como un inútil, desgraciado que se sobresale de las fachadas estucadas y las ventanas bien limpias. Cuando llega la noche la situación va de mal en peor. Por las calles cojea «la luna marchita, nadie la necesita». Así es como Mayakóvskiy cierra este circulo vicioso de la vida en la capital, llena de la suciedad, hedor y pestilencia, y que carece de sentido. Algún tiempo el poeta, incluso, renunció salir a la calle para no enfrentarse a la realidad que le agobiaba.

Con el tiempo el poeta aprende a aceptar a la ciudad de Moscú con un poco de ironía y menosprecio, cerrando los ojos a su forma de ser. Sin embargo, siempre seguirá siendo el infierno para el poeta, una acumulación de los pecados más abatidos del ser humano, que siempre se hacen recordar e intentan captar almas de los jóvenes ingenuos que sueñan con la fama y la riqueza.

Diga lo que diga Mayakóvskiy, Moscú es una ciudad preciosa… mi ciudad natal.


Fuentes:

  1. http://liricon.ru/analiz-stihotvoreniya-v-v-mayakovskogo-adishhe-goroda.html
  2. http://liricon.ru/adishhe-goroda.html
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